lunes, 11 de diciembre de 2017

MANIFIESTO DE LA ASAMBLEA DE ANCIANOS PARA EL FIN DE UNA ERA

Fotografía de Javier de la Fuente .......................................................................................................................... Estas fueron las palabras de la matriarca del bosque (o al menos así las interpretamos), cuando sugirió la idea de reunirnos en consejo: “Esta asamblea –dijo- será para vosotros, nosotros estamos siempre unidos”. Y a continuación dictó este manifiesto de los árboles para los seres humanos ........................................................................................................................ Al filo del fin de una era. Los Ancianos del bosque unidos. Unidos en grave asamblea. En torno a la Madre Tierra, que nos une y nos alberga: ......................................................................................................................... En nuestra dilatada vida hemos sido impotentes testigos de años incontables de sufrimiento y castigo, sangre y savia derramada. Árboles abatidos, bosques arrancados, y la tierra arder, y lavarse hasta la roca, o quedar sepultada en vida con una interminable lápida de asfalto fundido. Nosotros mismos que fuimos templo y hogar del pueblo, en una década envejecimos siglos. Pero nuestra presencia no quiere ser un simple reproche. Ante todo hemos de manifestar la urgencia del retorno a la vida, en este paraíso cuya vida se extingue. Los consejos de esta asamblea de sabios no pueden ser más simples: volver a la vida, restaurar la salud y la vitalidad de la Tierra, abandonar los caminos de muerte y desolación, conservar lo que aún nos queda, escuchar a los viejos, crecer hacia la honestidad y el respeto... Recuperar la sabiduría y la amistad con vuestros eternos aliados, pese a todos los pesares, los árboles. Somos la única y última oportunidad. En este instante crucial, el último consejo de esta asamblea de ancianos es que volváis a reuniros bajo nuestra copa y a escuchar nuestra voz, que es la voz de la Tierra. Que enseñéis a vuestros retoños cuál es nuestro significado en la tradición y nuestro papel sobre este planeta. Dedicad de nuevo un instante a nuestro cuidado y compañía, la vida nos irá mucho mejor.

sábado, 9 de diciembre de 2017

FUENTE DE LUZ

Atardecía y un chorro de luz manaba en la Fuente de la Lindaraja. El palomo bebió hasta iluminarse durante un instante sin fin. Silenciosos, los cipreses contemplaban la escena irrepetible y en un batir de alas el encantamiento quedó suspendido en el aire...

jueves, 7 de diciembre de 2017

NUNCA SUPE LO QUE ES SER NEGRO por Mhel Marrer

Eu nunca soube o que é ser negro até casar com um homem negro e... continuar sem saber o que é ser negro. Mas a convivência com o Brunno fez eu ter uma vaga ideia. Não sei o que é ser negro, mas sei que meu carro agora é parado pela polícia muito mais vezes que antes. Sei que tenho que dizer "ele está comigo" nos lugares muito mais vezes que antes. Sei que meu marido se arrumar tanto pra sair tem pouco a ver com vaidade e muito mais a ver com sobrevivência. O racismo existe, ter consciência disso não é vitimismo, nem pagar de superior. É apenas um convite pra refletir: e se a gente tratasse todo mundo com o mesmo respeito que a gente sempre tratou, por exemplo, o nosso chefe? Sei que é horrível ser chamado de racista quando não tivemos intenção, sei que dá trabalho repensar nossas verdades e é muito mais fácil chamar tudo de mimimi. Mas já viu o mimimi que a gente faz quando aparece, uma vez na vida, a notícia de que um negro viu racismo onde não tinha? Nossa, rola textão de branco pra mais de metro! E já viu como não temos a mesma indignação diante das notícias diárias sobre negros vendo, sofrendo e morrendo pelo racismo que existe, de fato, em todo lugar? Pois é. Eu, às vezes, sou racista. O Brunno, às vezes, é machista. Isso não quer dizer que somos pessoas ruins ou boas, monstros ou vítimas, isso só mostra que a gente tá acostumada a reproduzir o que aprendeu como certo. E não precisa abrir um berreiro só porque alguém apontou o racista que há em nós. Não dói nada rever conceitos, se desculpar e tentar mudar pra dar uma evoluída. O racismo existe, o machismo existe. Brunno e eu, a gente sabe, mas joga com o que tem. Eu sou humorista, o Brunno é ator. Mandamos bem. Mas eu sempre serei humorista na categoria mulher e ele sempre será ator na categoria negro. Isso significa que meu gênero e a cor dele sempre virão à tona nas propostas, nos "elogios", nas oportunidades. Eu vou ouvir que sou inteligente pra uma mulher, ele vai ouvir que é bonito para um negro. E a gente pode explicar. Ou fazer uma piada. Mas no geral, a gente vai só dar risada e agradecer, porque a nossa vontade de mudar o mundo não é maior que a nossa imensa preguiça. E segue o baile. Eu sei que piadas machistas são engraçadas pro senso comum e as faço de monte pra ganhar dinheiro. O Brunno sabe que se o teste de ator não especificou que queria atores negros, não é nem pra ele aparecer por lá. E paciência. Temos filhos e contas pra pagar, precisamos escolher nossas batalhas, lutar as que puder e torcer pra que isso mude um dia. Essa pode não ser a sua vivência, mas é a nossa. É a do Brunno. Se o mundo sempre lhe foi gentil, parabéns pela sorte de não ser regra. Eu nunca vou saber o que é ser negro. O Brunno nunca saberá o que é ser mulher. E tudo bem, temos um ao outro. Ele leva o carro na oficina pra eu não ser humilhada pelo mecânico de novo. Eu desconto os cheques dele pra ele não ser humilhado pelo segurança do banco de novo. Eu facilito a vida dele quando a polícia para. Ele facilita a minha vida quando estamos numa rua deserta. Porque ele é homem e eu sou branca. E pela união dos privilégios, nós somos o incrível HOMEM BRANCO. 😂

VIEJOS CUENTOS DE IRLAND

Un día, mientras Finn vagabundeaba en el bosque, vio a un hombre encaramado en la copa de un árbol. Tenía un mirlo en el hombro derecho y en su mano izquierda un recipiente de bronce, lleno de agua, en el que nadaba una trucha y al pie del árbol, un ciervo pacía. Aquel hombre, cascaba nueces y la mitad de cada una se la daba al mirlo y la otra mitad la comía él mismo. Cogía entonces una manzana y la partía por la mitad y una parte se la daba al ciervo y la otra la comía él mismo. Luego la trucha, el ciervo, el mirlo y él mismo bebieron un sorbo del cuenco de bronce. Los discípulos de Finn le preguntaron quién era aquel hombre del árbol y Finn puso el pulgar en su boca y su imbas le iluminó y cantó un conjuro que decía: "Tis Derg Corra hijo de Ua Daigre, él es el hombre que está en el árbol.” (Revue Celtique, vol. xv, 1904)

martes, 10 de octubre de 2017

ÁRBOL PENSADO

lunes, 9 de octubre de 2017

Y vinieron con cantos que nadie conocía / Cruzaron el mar en peces de madera / Trajeron un secreto cubierto de sangre y tierra / Cantaron, lloraron, plantaron ... (Salvador González Escalona)

martes, 4 de julio de 2017

A REBATO, TOQUE DE FUEGO

¿CÓMO HEMOS LLEGADO HASTA AQUÍ? Un incendio más nunca es un incendio más, salvo en el imperio virtual de las estadísticas. Nos mordemos la lengua para no salir de manera apresurada al paso de la acuciante actualidad, del último gran incendio que asola otra comarca… pero va siendo hora de decir que lo dijimos. Por activa y por pasiva, por escrito y en cada uno de los foros en los que hemos tenido oportunidad de explicar que los monocultivos de pino y eucalipto constituyen un desastre global, no solo por la amenaza de paisajismo infernal que aumenta de manera exponencial con el calentamiento planetario, sino por toda la retahíla de efectos nocivos que conlleva la implantación masiva de especies invasoras. Lo dijimos y lo repetiremos, tras los últimos incendios que asolan la península ibérica, comprobamos de nuevo que estas plantaciones tan solo eran una buena idea en los despachos de algunas corporaciones. Cierto que los beneficios son enormes para los señores de la celulosa, la madera y la biomasa que a corto plazo obtienen colosales fortunas. El gran invento consiste en utilizar especies de rápido crecimiento que producen en una generación cuantiosos dividendos, a costa de la fertilidad acumulada durante siglos. Las consecuencias son devastadoras: pérdida de suelo y por tanto de riqueza y capacidad de retención del agua, una contribución neta y constante al cambio climático, un peligro creciente de incendios y en definitiva el empobrecimiento de todos y la aniquilación de la biodiversidad de regiones enteras. Todo ello representa un verdadero atentado contra el patrimonio común que es la Tierra y que por cierto, debemos también a las generaciones futuras. Una de las justificaciones más socorridas ha sido la generación de puestos de trabajo, pero la palpable realidad es que la implantación de estos sistemas de gestión industrial del monte, contribuyen al despoblamiento rural y terminan con las culturas y los modos de gestión tradicionales. Por el contrario, la tasa de creación de empleo resulta ridícula teniendo en cuenta las inmensas comarcas que ocupan. Eso sí, auguramos que se crearán muchos empleos, a costa del erario público, en la lucha contra los incendios. Las empresas del ramo rentabilizan con creces sus inversiones y nos dejan como un legado maldito las consecuencias de su desenfrenada ambición. La estrategia de colonización por el eucalipto ha consistido en persuadir a propietarios particulares y gestores públicos del interés económico de esta especie, para que se plantaran terrenos privados, públicos y comunales. Se ocupan así, sin coste alguno para los promotores, los terrenos forestales con mejores condiciones en cuanto a suelo y clima de la península. Cuando la saturación de los mercados a escala planetaria, las plagas y los incendios comienzan a desinflar la burbuja, nos enfrentamos a la amarga realidad de que la marcha atrás es muy difícil y costosa para un cultivo que rebrota una y otra vez. El eucalipto es el paradigma de una gestión económica que destruye en un abrir y cerrar de ojos los equilibrios y formas de gestión sostenibles que se habían desarrollado durante generaciones incontables. Estos mismos territorios que a medio y largo plazo producirían al menos tres veces más rentabilidad económica y social con cultivos como los de las llamadas maderas nobles, que no tienen las graves contraindicaciones del pinar y el eucaliptal y albergan una extraordinaria biodiversidad, generando riquezas diversas. Una civilización, adicta a la celulosa y ávida de energía, acalla su conciencia con certificados ecológicos de buena gestión para unas plantaciones que han colonizado medio planeta. Mientras Vandana Shiva denuncia el desastre social, económico y ecológico de los eucaliptales que han terminado en la India con milenios de coexistencia sostenible del ser humano con su entorno; FSC bendice al eucalipto vendiendo como un logro su fatídica invasión de este país. Obvian los efectos del cambio climático y toda la biodiversidad y diversidad cultural que se está aniquilando. Lo mismo podríamos decir de los territorios mapuches en el Cono Sur, de inmensas extensiones en África o en la península ibérica, por citar algunas de las regiones más afectadas. Somos muchos los que defendimos la utilización de papel certificado para todo tipo de usos y publicaciones, aún a sabiendas de que buena parte procede de eucalipto. Al fin y al cabo al menos serían eucaliptales mejor gestionados. Hoy me pregunto si tiene alguna lógica que estos certificados justifiquen una de las mayores formas de invasión que ha conocido este planeta y la amenaza más seria a la que probablemente se enfrenta la humanidad de las próximas décadas, los gigaincendios que devoran enormes superficies y que tan solo se apagan cuando las condiciones atmosféricas lo permiten. Empresas como Ence que llevan décadas perpetrando este desatino con el apoyo incondicional de los políticos y gobiernos de turno, venden de cuando en cuando una serie de manipuladas argumentaciones sobre las bondades de estos falsos bosques. Sin ir más lejos todavía en 2016 afirmaban que el eucalipto puede ser una defensa contra los incendios. Por si faltara alguno de los ingredientes habituales de estas tramas, esta corporación cuenta en su consejo de administración con la exministra de medio ambiente Isabel Tocino (presente en otros consejos de administración como el del Banco Santander y Enagás). Es un simple ejemplo, una consulta del currículum de los concejeros en la propia web de ENCE, resulta muy ilustrativa de cómo el entramado de intereses económicos ha colonizado las políticas agroforestales hasta convertir el paisaje en objeto de explotación, consumo y especulación. La connivencia de los políticos, gobiernos y administraciones, con apoyos explícitos y subvenciones a costa de las arcas públicas, ha propiciado la situación actual que se revela incompatible incluso con la otra gran apuesta de nuestros imaginativos próceres, el turismo. Ese otro gran monocultivo que engulle y despilfarra ingentes cantidades de agua, tierra, recursos, tiempo y energía; que convierte los lugares más salvajes y hermosos en no lugares. El futuro no puede ser más desesperanzador. El mal de los tiempos es el triunfo de lobbies, corporaciones e instituciones que han tomado las riendas de este mundo y cuyo último fin no es otro que servirse a sí mismas. Rigen los destinos de la humanidad con un programa único: crecer y absorber, ganar y conquistar cada año un tanto por ciento más que en el balance anterior, como si no hubiera un futuro. Como si este planeta no estuviera habitado por humanos y otras especies vivas. El fin justifica los medios y auténticas tramas de ingenieros, tecnócratas y ejecutivos sin escrúpulos, políticos y especuladores, al servicio de sus compañías, convierten al bosque y la Tierra en objeto de consumo industrial y financiero, a expensas de la vitalidad y el porvenir de los paisajes y sus moradores. ¿Cómo hemos pasado en apenas dos generaciones del paraíso al infierno? ¿De habitar una Tierra que nos alberga, alimenta y enriquece de mil modos distintos, a sobrevivir en un territorio hostil que gestionan unos administradores extraterrestres? ¿De cultivar bosques y árboles familiares y vecinales a explotar plantaciones industriales? Los mercaderes se han apoderado del templo y no hay dios que los eche. ¿Y AHORA QUÉ? En el lenguaje de las campanas que hasta ayer mismo se hablaba en todos los pueblos de nuestro país, había un toque de fuego o de rebato, que llamaba a todos los vecinos para apagar el fuego en una casa o en el monte. Y hasta ayer mismo, el incendio era de todos y acudíamos sin excusas a apagar el bosque de todos. Lo que ardía era al fin y al cabo nuestra propia casa, nuestra pequeña patria. A diferencia de los toques de iglesia o de concejo; el toque de la muerte y el del fuego venían sin previo aviso, el primero sonaba con una cadencia lúgubre, el segundo tenía la inequívoca urgencia del peligro inminente que despertaba la conciencia de comunidad a cualquier hora del día o de la noche en apenas unos segundos. Hoy el fuego ha dejado de arder en las chimeneas y la madera arde en paisajes deshabitados. Hemos externalizado nuestros derechos y responsabilidades sobre el entorno que nos sustenta, olvidando que seguimos formando parte del mundo que nos da asilo y sustento. Frente al modelo imperante, existe una alternativa local y cooperativa, discreta y pacífica. Un paradigma antiguo y moderno al mismo tiempo. Se trata de asumir las propias responsabilidades, individual, familiar y colectivamente. De ocupar el territorio de forma armónica y equilibrada, produciendo y contaminando menos, consumiendo en la medida de lo posible lo que uno mismo o sus vecinos más cercanos cultivan. Invirtiendo nuestro tiempo en talento, educación, conservación del entorno y el patrimonio, creatividad y solidaridad, calma, felicidad... La coherencia consiste en que todos estos puntos estén de acuerdo en la vida o en cualquiera de nuestras actividades, y cuando alguna de estas cuestiones no funciona, quizá no vamos por buen camino. NO ES LO QUE HACEMOS, ES LO QUE DEJAMOS DE HACER LO QUE AYUDA A PRESERVAR EL MUNDO: El productivismo y el consumismo desmedidos nos conducen inexorablemente a un final catastrófico que ya han sufrido algunas civilizaciones de este planeta por su ambición e inconsciencia. El exterminio acelerado de bosques y paisajes, especies y culturas es parte de un aniquilamiento global que propiciamos con esta patológica y frenética actividad. Dejar de sobreactuar, no significa parar y callar. Todo lo contrario, cuando observamos detenidamente a los árboles comprendemos que crecen continua y pausadamente, que desarrollan diversos movimientos y una infinidad de estrategias que les permiten actuar sobre el entorno con asombrosa efectividad y eficiencia. Es tiempo del regreso a la cordura, a la austeridad, al huerto familiar, a las plantaciones de árboles y bosques en el campo y en la ciudad, a la gestión comunal, a los sistemas cooperativos, a la democracia local que se ejercía a través de concejos y juntas vecinales… Al discurso pausado de los árboles. Quizá son estos los únicos y últimos caminos para evitar el desastre al que nos dirige el actual sistema económico y político corrompido desde sus mismos cimientos, desde la propia y perversa idea del crecimiento continuo y la huida hacia delante. La tarea es descomunal pero quizá no existe otra alternativa a un fin más o menos inminente de esta civilización global con todo el sufrimiento que ya está provocando.

LA MIRADA EN EL HUERTO

De tanto mirar números y letras se le irritaron los ojos. El médico diagnosticó conjuntivitis, pero era alergia. Alergia aguda a las palabras escritas, el periódico, la televisión, el reloj y las redes sociales. Decidió entonces darse un descanso y empezar a mirar a lo lejos. El primer día se sentó a mirar el atardecer de la montaña y vio formarse una nube en apenas un instante. Comenzó como un suspiro del bosque, y a partir de una brizna de niebla, se extendió enseguida cubriendo un área de más de dos kilómetros y en cinco minutos había tapado la montaña entera. La luna, como un ojo todopoderoso, en mitad del firmamento, mantuvo la mirada. Un cuarto creciente radiante. La vieja urraca se asomó taimada sobre el tejado del vecino. La mujer temió por la pollada de la curruca capirotada que había descubierto esa misma tarde, en la espesura del seto. Para ella los nidos nunca estan del todo bien escondidos. Y es que todos los polluelos eran como hijos propios de aquella paisana que amaba los gatos pero los ahuyentaba sistemáticamente por temor de los pájaros. Hacía tiempo había comprendido que lo más honesto sería retirarse al jardín donde el sol sale y se pone todos los días soleados y el camarada sapo sale imperturbable todas las noches de algún escondrijo. Donde las estrellas refulgen en todo su esplendor y las luciérnagas sobreviven aún a la hecatombe de las luces artificiales y los insecticidas. Si el fragor de los coches se detuviera, siquiera durante el curso de una luna, el mundo habría cambiado para siempre, la era de la prisa sería como un mal sueño y regresaría de manera natural la era de la canción en el campo, cantada a pleno pulmón… - pensó sin mucho convencimiento- y una sonrisa amarga le sobrevino al darse cuenta de que era imposible, impensable, ¿improbable?… Volvió su mirada al huerto y se dijo: -allá donde y cuando la Tierra y el Cielo, hablan y acuerdan, quiero estar en medio.

HIMNO ÓRFICO LXXIV A LA DIOSA DE LA MEMORIA (adaptación)

Perfume de Mnemósina Invoco a la diosa Mnemósina, hija de la Tierra y el Cielo, madre de las 9 Musas que habitan el Soto Sagrado de la Inspiración. Invoco a la Diosa de la Memoria, cuando arde el bosque por los cuatro costados y el olvido cubre como un manto oscuro a la Humanidad. Te invoco para que nos devuelvas a la memoria de lo esencial y la Tierra Mater recobre el respeto y el amor de sus hijos. Te invoco por el recuerdo de un futuro incierto en el que ni siquiera sé si estaremos.................... Pintura de Maurizio Gallo